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Oaxaca

Son las 8 de la mañana y nuestro viaje inicia como cualquier otro, empacando las maletas en la parte trasera de la camioneta, escogiendo cada quien su lugar y con las ganas de dejar atrás por unos días el trabajo, las presiones y una ciudad cada vez más caótica.

Desde que arrancamos Susana y Edgar, los organizadores y guías de nuestro viaje, se presentan, nos hacen saber cuál será el plan del día de hoy y por supuesto nos preguntan si estamos de acuerdo y si hay alguna actividad en especial que nos gustaría hacer.

Es momento de tomar la primer decisión, desayunar en Puebla o en un restaurante a la orilla de la carretera, optamos por la segunda opción pues de esta manera el trayecto sería más directo. Paramos en un restaurante que nuestros anfitriones ya conocen y por supuesto fue la mejor opción, entre el sabor casero de nuestros platillos y la buena atención salimos contentos, bien desayunados y con la certeza de que así serán los próximos días.

Buffet, artesanías y fiesta en la calle

Foto grupal en Oaxaquita

Después de recorrer cientos de kilómetros, rodeados de montañas y en ocasiones de paisajes más áridos, nos acercamos a las orillas de la ciudad de Oaxaca. Nuestra primer parada, a recomendación de nuestros organizadores, fue el restaurante Hacienda Santa Marta, el que pudimos disfrutar un delicioso y extenso buffet. Entre los platillos había clásicos como diferentes tipos de arroz, sopas, ensaladas, pero también encontramos platillos muy típicos del lugar al que estábamos llegando, tlayudas, tasajo recién cocido al carbón y por supuesto mole negro, todo acompañado de un tradicional mezcal.

Llegamos al hotel Los Olivos, un lugar ideal para reposar la gran comida y prepararnos para recorrer las calles del centro de Oaxaca. Caminamos por el cuadro principal del centro admiramos la catedral y nos acercamos a cada puesto de artesanías. Colores y texturas brincaban a la vista. Desde pulseras, aretes, bolsas, hasta ropa típica adornaban las orillas de la explanada principal. Caminamos por la calle Macedonio Alcalá, caminamos a la mitad de la calle rodeados de tiendas de café, chocolate, restaurantes y mezcalerías hasta el final de la calle en donde una conglomeración de personas bailaban al ritmo de música “banda”, extranjeros y locales al mismo ritmo, así nos recibía Oaxaca en nuestra primer noche.

Hierve el Agua, Mitla y el Árbol del Tule

A las 10 de la mañana nos esperaba el mercado de Santo Domingo, ahí disfrutamos un auténtico desayuno oaxaqueño. Para empezar un espumoso chocolate servido en una jícara y acompañado por un doradito pan de yema de huevo, después una gigantesca tlayuda con frijoles, lechuga, jitomate y para engalanar aún más un poco de tasajo, el desayuno perfecto para lo que nos esperaba el resto del día.

Foto grupal en Oaxaquita

Nos fuimos alejando de la ciudad hasta llegar a Hierve el Agua, entre montañas y cascadas petrificadas pudimos disfrutar de las aguas termales que esta belleza natural ofrece…

Nuestra siguiente parada fue Mitla, revivimos un poco del pasado con una visita guiada a las ruinas prehispánicas. Subimos pirámides, entramos a tumbas ancestrales y hasta nos adentramos a una pequeña sección donde, cuenta la leyenda, se realizaba un acto sagrado para conseguir matrimonio.

Después de un recorrido lleno de historia visitamos el majestuoso Árbol del Tule. En este ahuehuete de más de cuatro mil años nuestros guías se encargaron de mostrarnos formas y figuras, que con un poco de imaginación y mucha voluntad, se pueden apreciar en el tronco de uno de los árboles más viejos de la zona. Para este punto el hambre empezaba a hacerse presente por lo que decidimos comer en un restaurante muy cercano al árbol. De nuevo las tlayudas fueron el platillo estelar, pero también tacos de barbacoa, consomé de borrego, enchiladas y agua de tuna con horchata eran parte de las delicias del lugar y por supuesto no podía faltar un buen mezcal con sal de gusano, simplemente delicioso.

Sin embargo el día aún no terminaba, visitamos de nuevo el centro y disfrutamos de una noche de sábado llena de color.

Día de mercado y Monte Albán

Foto grupal en Oaxaquita

Ya con las maletas listas desayunamos en el mercado (nombre), este mercado es conocido por ser el preferido de la gente que vive en Oaxaca. Como en todo buen desayuno el chocolate y el pan no podían faltar, además de las enchiladas y las memelitas (un sopecito con frijoles y tasajo). Músicos callejeros y muchas cocinas tradicionales le dan vida a este mercado.

Después recorrimos de nuevo el centro y el mercado de Santo Domingo, el olor a chocolate y café se mezclaba con el de las frutas, verduras, chapulines, mole negro, sal de gusano y mezcal, partimos a Monte Albán.

En nuestra última parada pudimos apreciar la majestuosidad de lo que alguna vez fue hogar de los Zapotecas. Por más de una hora pudimos subir a las pirámides, apreciar de cerca los vestigios de una maravillosa civilización y por supuesto tomarnos fotos. Monte Albán nos despedía con buen clima y un paisaje inigualable, el color verde del pasto, el azúl del cielo, el blanco de las nubes y las ruinas de más tres mil años de antigüedad.

La nostalgia nos acompaña, pues es momento de partir, mientras comemos chocolates cien por ciento artesanales vamos dejando Oaxaca atrás, no sin antes prometer volver pronto, muy pronto.

Foto grupal en Oaxaquita
...visitamos de nuevo el centro y disfrutamos de una noche de sábado llena de color.